Digo con las manos, digo con la mirada, digo con los dedos. Digo y repito. Digo en gestos, digo en ese entrelazamiento de manos, digo en cada acercamiento. Lo digo, te lo grito. Te lo grito y no alcanzas a oirlo, aun aunque te encuentres a centímetros de mi boca. No me ois y no llegas a entender. No te culpo. Solo voy a intentar decirtelo de otros modos. No literalmente, no. No son mis formas. Palabras que se sobre-entienden, te lo escribo, siempre te escribo, pero no me lees. No escuchas, no lees. Estas abstraido en tu mundo, porque todo mi yo delinea un desesperado ‘te necesito’, y vos, inmutable, no lo escuchas, no lo lees…
Una vez más ella rompe el esquema, camina tan bonita y mueve su belleza.
Diez verdades de las mujeres con respecto a los hombres, según Antonella Barreiro:
2. Cuando los echamos en realidad no pretendemos realmente que se vayan, pretendemos que se queden a pedirnos perdón.
3. Cuando nosotras nos vamos -por enojo o tratando de parecer casuales alejandonos graciosamente- esperamos que nos estén intentando alcanzar.
4. Creemos fervientemente en que el desamor se cura con amor y eso nos justifica para que cada vez que uno se va, lo reemplacemos instantáneamente con otro.
5. Una mujer jamás está sola, siempre hay alguien aunque sea para textear, porque no sabemos estar solas.
6. Cuando pasamos por una obra en construcción y nos gritan, decimos: ‘Dios, que horror’. Ahora bien, si no nos gritan nada, pensamos: ‘Dios, no puedo estar más fea’.
7. Siempre intentamos estar lindas para ustedes, aunque casi nunca lo noten.
8. Cuando nos quedamos calladas no significa que no tengamos nada mas que decir –nunca no tenemos algo para decir- significa que estamos aguardando el beso que seguro estas pensando en dar, pero que por ‘no sé que razón’, todavía no lo estás dando.
9. Cuando los miramos a los ojos intensamente realmente esperamos que de alguna forma sobrehumana nos lean el pensamiento.
- Nunca un chico nuevo, de comienzo MUY reciente, le va a ganar al regreso de un ex.
Bien,se que me atrasé... Es que ayer estuve mal. Estuve tratando de ignorar que estabas lejos y te queria cerca. Estuve tratando de ignorar que quería abrazarte y no te tenía, quería que me escuches diciendo 'FELIZ CUMPLE' y no que me leas a través de un frío mensaje de texto al cual intenté hacerlo lo más cálido posible. En fin, estas lejos, pero igual te deseo lo mejor. Porque cerca o lejos siempre vas a ser igual de importante en mi vida. Y te amo, eso está claro...
Ella es el hada perdida que un día dormida en mi vida cayó.
Sale del baño desnuda, se prueba vestidos, no pide perdón. Ama los inconvenientes, se enoja conmigo y me habla en ‘Inglés’. Baila como la princesa del reino neurótico de mi niñez. Ella dice “Beautiful"
(suena como libertad). Ella florece en el centro carmín corrosivo de mi soledad. Nada en el mundo me gusta más que abrazarte y después despertar. Tengo un pasado terrible y algunos secretos para confesar. Tengo algún brindis pendiente que un día inconsciente lo voy a brindar.Todos los días las mismas preguntas…
¿Por qué escribís acerca de tristeza una y otra vez?, ¿estas mal?, ¿acaso no te hago feliz? Y todos los días las mismas respuestas:
Cuando escribo no escribo de mi, solo escribo… si escribo sobre droga no quiere decir que me drogue, que escriba de sexo no quiere decir que sea una prostituta, si escribo sobre tristeza no quiere decir que estés triste. Quizá reconozco que es el tema en el que me siento mas cómoda, quizá una de las cosas mas fuertes que me pasaron, amor y tristeza, tomados de la mano. Y quizá por ello lo repito, solo porque es más sencillo escribir sobre algo conocido y no sobre realidades completamente ajenas… En cuanto a vos, me llenas de felicidad, y bien podría escribirlo, de hecho lo hago de vez en cuando, pero elijo vivirlo a escribirlo.
Invierno, tenemos que hablar. Tengo varias cuentas que pasarte, sinceramente. Eso de que venís de paso cada año, me enfrias, me marchitás, me arruinas y demás ya no me está causando ninguna gracia. Y después así como llegaste, te vas. Después de dejar huellas en mí, desapareces, justo cuando empiezo a acostumbrarme a tu presencia. Sos algo así como una especie de chubasco frío en vez de húmedo, pero con las mismas repercusiones. Así, que voy a proceder a pasarte la lista de lo que gasto solo porque vengas de pasada tres meses a mi vida: chocolatada (lo cual me hace realmente mal teniendo en cuenta mi alergia indisimulable al chocolate), Nivea Soft Milk (porque me resecas la piel detestablemente), tres kilos sobre mi peso natural (porque necesito calorías para soportarte), mi buen lucir en general (ya que Michelin-o como se escriba- al lado mío es Kate Moss en su peor época anoréxica) y mi buen humor (al cual perdí por las razones antes mencionadas). Por lo cual pretendo que te hagas cargo, y llegada la primavera exijo que me dejes la piel impecable, la panza chatita como de costumbre y que me dejes usar al menos tres sweaters menos de los que traigo puestos.
Solo en sueños.
Ok, ya hablé de mis sueños dormida. Ahora paso a hablar de mis sueños despierta. Siempre me caractericé por eso, por soñar aún con los ojos abiertos, siempre me gustó, siempre fue un pasatiempo de lo más divertido. Es decir, siempre hasta ahora. Porque esas idealizaciones, busqué toda mi vida que fueran reales, que se concreten, que las viva, que las sienta. Ahora bien, ¿qué pasa si realmente ocurre? Todos pensarán: ‘cool’. Bueno, no. Porque mirá si tu sueño era volar y cuando por fin volas caes en la cuenta de que volar en realidad es una gran bola de mierda. Que no te gusta en lo mas mínimo, que no es como creíste y que solo querés poner los pies sobre la tierra nuevamente. Eso, realmente, es feo. Claro, si la realización de tu sueño es tal cual pensaste que iba a ser, si, cool. Pero ahora que tengo lo que ‘siempre quise’, no sé si me gusta tanto, creo que lo prefería solo en sueños… Bien, esto es raro. Pero tengo un sueño repetitivo, no de esos que tenemos despiertos, sino de esos que soñamos dormidos. O sea, en realidad no es repetitivo porque siempre cambia. El tema es que siempre sueño con vos y cada vez que me despierto tengo la misma sensación de nauseas, por lo cual para mi es lo mismo. El tema es que ni fuiste, ni sos, ni vas a ser importante en mi vida, por tal motivo necesito una explicación a por qué mi inconciente te hace partícipe de mi vida por aunque sea unas horas. Quizá quedó pendiente algo, algún ‘perdón’, tal vez. Pero en fin, solo lo exteriorizo en una suerte de intención de que te alejes de mí-nuevamente.
Tengo una nueva causa por lo cual quejarme. No es que las busco, es que ellas me encuentran. Y quizá para muchas personas no es ni siquiera una razón por la cual quejarse. Pero para mi es una gran causa, porque me pone de mal humor. Y odio tener mal humor, porque no disfruto de nada. Bien, me salio un tumor en la cara. O sea, era un pequeña e insignificante protuberancia hasta que se lastimó por no sé que motivo (porque jamás la toqué), se puso más roja aún y se nota de acá a Tokio. Porque encima se situó en mi mejilla derecha, como para no pasar desapercibido, porque si sale en la frente FLEQUILLO AMIGO y listo, pero no. Y encima de todo no hay base que lo tape. No solo que está, sino que me prohíbe sacarme fotos, y pocas cosas disfruto tanto como sacarme fotos. Mi problema con los comúnmente llamados ‘granitos’ es la siguiente: no tengo casi nunca, algo así como cutis de bebé- y no es por creer que tengo una piel perfecta ni mucho menos, odio mi piel en muchos otros sentidos que no vale la pena aclarar en este momento, pero soy 100% libre de acné y eso importa ahora- sin embargo, cuando aparece uno, no desaparece en cuestión de días como suele pasarle a la mayoria, sino que persiste en el tiempo por alrededor de mas de una semana y media. Quizá ahora puedan entenderme.
Carta del Ministerio de Educación. La miré por encima sin darle mucha importancia. La dejé. Mamá que pregunta. Yo que me fijo porque no había retenido información alguna del contenido de las tres hojas abrochadas. Leo. Releo. Confirmo. No dije palabra. Crisis. Vi bien, decía claramente ‘se dará inicio el 25 del corriente mes’. Claro, yo pensaba estar ausente ese día porque el 24 iba a estar disfrutando con Candela de Avril Lavigne (que por cierto, ya tenemos las entradas en las manos). Pero se ve que al Ministerio de Educación se le había ocurrido cambiarme los planes. Una noche sin dormir bastó para que mami encuentre la solución. Cielo, a veces, solo en estas circunstancias, que te reemplacen es lo mejor que te puede pasar. GRACIAS MAMITA.
Nudos de palabras, enredos de silabas y confusión sobreactuada. Miles de frases aguardando salir, escondidas entre los recovecos de mi garganta, miles de frases que transitan desde mi mente pero se deshacen entre las cuerdas vocales. Y miro por entre ellas, las releo una y otra vez, cada vez las entiendo menos. Ya ni se perciben, ya se pierden, ya las olvido. Y no surgen, ni siquiera asoman, pero están ahí. Están adormecidas, las venció el cansancio de las promesas del ‘algún día las pronunciaré’. Esperaban vivir, esperaban ser. Esperaban. Pero todos nos cansamos de esperar, las entiendo. Duerman, porque las defraudé. Les mentí. Nunca van a ser sonidos. Solo van a ser pensamientos. Desde aquel día para siempre…
Sinceramente me ausenté. Me fui por ahí, a ningún lado cierto, pero no estuve. Igual me conforma saber que no me alejé de mí. Solía irme lejos de quien soy, ahora estoy mas cerca que nunca. Cerca de mi, pero muy, DEMASIADO, lejos de todo lo demás. Lejos hasta de la civilización, al lado del camino, en la orilla del mundo, en el centro de tu alma. Y acá quiero quedarme, a vacacionar aunque sea… Vacacionar en tu alma, en tu mente, en tus brazos. Así, sobrellevo el frío insufrible que hace en la realidad.
Ninguno de los dos creía en el destino y este se vengó para hacerse notar~
- Amor, me voy a dar una vuelta.
- ¿Vas a salir?
- Si.
- ¿A dónde vas a ir?
- No sé, por ahí.
- ¿Vas a tardar mucho?
- No creo, solo daré una vuelta.
- ¿Te necesitas despejar?
- Eso creo.
- ¿Te molestó algo de mí?
- No.
- Bueno, traeme helado.
- ¿De qué sabor?
- Chocolate.
- Bueno, cuando vuelvo paso por la heladería.
- ¿Por qué no vas, me lo traes y después das la vuelta?
- No, mejor cuando vuelvo así tomamos helado juntos.
- Pero a vos no te gusta el helado de chocolate.
- Me traigo otro.
- Trae de vainilla.
- Tampoco me gusta la vainilla.
- Bueno, entonces trae de frutilla que nos gusta a los dos.
- Si, está bien.
(Se acerca a la puerta)
- Gordo pará.
- ¿Qué?
- ¿Vas en tu auto o en el mío?
- En el mío.
- Llevate el mío que tiene CD y el tuyo no.
- No voy a escuchar música.
- Bueno. ¿No querés que te acompañe?
- Prefiero ir solo.
- Bueno andá.
- Me estoy intentando ir.
- ¿Te vas a ir así?
- ¿Cómo pretendes que me vaya?
- Dejalo ahí. Al final son todos iguales.
- ¿De qué hablas?
- ¿Te vas a encontrar con una mujer no? Todos los hombres hacen lo mismo.
- ¿Cómo podés pensar eso de mí? Yo nunca te haría algo así.
- Perdón, solo generalicé.
- Bueno, no generalices, me haces sentir mal.
- Perdón por desconfiar.
- Está bien.
- Bueno andá.
- Chau.
- Pará amor.
- ¿Y ahora qué?
- Dame un beso.
(Beso)
- ¡Amor, amor! aguantá.
- ¿Qué pasa ahora?
- ¿Te llevas el celu?
- No.
- Llevalo.
- ¿Para qué? ¿Para que me llames cada cinco minutos?
- No, por si pasa algo.
- No va a pasar nada.
- Bueno ¿me lo prestas entonces?
- ¿Para qué?
- Porque tiene unos jueguitos que me gustan.
- ¿Querés mi celular para jugar?
- Si.
- Usá la computadora, tiene muchos jueguitos.
- ¿Por qué no me lo prestas? ¿Escondés algo?
- ¿Otra vez con eso?
- Tenés razón, perdón amor.
- Bueno, si querés usalo, no hay nada importante ahí.
- ¿Y dónde esta?
- ¿Dónde está qué cosa?
- Lo importante que no está ahí.
- ¿Me estás cargando?
- Perdón, perdón, tenés razón. Andá tranquilo.
(Ya casi atraviesa la puerta)
- Esperá.
- ¿Y ahora?
- No quiero más el helado.
- Bueno, yo tampoco voy a salir.
- ¿Te vas a quedar conmigo?
- No, me cansaste, me voy a dormir.
- ¿Estás nervioso?
- Si.
- ¿Por qué no te vas a dar una vuelta así te despejás?
- ¿Vas a salir?
- Si.
- ¿A dónde vas a ir?
- No sé, por ahí.
- ¿Vas a tardar mucho?
- No creo, solo daré una vuelta.
- ¿Te necesitas despejar?
- Eso creo.
- ¿Te molestó algo de mí?
- No.
- Bueno, traeme helado.
- ¿De qué sabor?
- Chocolate.
- Bueno, cuando vuelvo paso por la heladería.
- ¿Por qué no vas, me lo traes y después das la vuelta?
- No, mejor cuando vuelvo así tomamos helado juntos.
- Pero a vos no te gusta el helado de chocolate.
- Me traigo otro.
- Trae de vainilla.
- Tampoco me gusta la vainilla.
- Bueno, entonces trae de frutilla que nos gusta a los dos.
- Si, está bien.
(Se acerca a la puerta)
- Gordo pará.
- ¿Qué?
- ¿Vas en tu auto o en el mío?
- En el mío.
- Llevate el mío que tiene CD y el tuyo no.
- No voy a escuchar música.
- Bueno. ¿No querés que te acompañe?
- Prefiero ir solo.
- Bueno andá.
- Me estoy intentando ir.
- ¿Te vas a ir así?
- ¿Cómo pretendes que me vaya?
- Dejalo ahí. Al final son todos iguales.
- ¿De qué hablas?
- ¿Te vas a encontrar con una mujer no? Todos los hombres hacen lo mismo.
- ¿Cómo podés pensar eso de mí? Yo nunca te haría algo así.
- Perdón, solo generalicé.
- Bueno, no generalices, me haces sentir mal.
- Perdón por desconfiar.
- Está bien.
- Bueno andá.
- Chau.
- Pará amor.
- ¿Y ahora qué?
- Dame un beso.
(Beso)
- ¡Amor, amor! aguantá.
- ¿Qué pasa ahora?
- ¿Te llevas el celu?
- No.
- Llevalo.
- ¿Para qué? ¿Para que me llames cada cinco minutos?
- No, por si pasa algo.
- No va a pasar nada.
- Bueno ¿me lo prestas entonces?
- ¿Para qué?
- Porque tiene unos jueguitos que me gustan.
- ¿Querés mi celular para jugar?
- Si.
- Usá la computadora, tiene muchos jueguitos.
- ¿Por qué no me lo prestas? ¿Escondés algo?
- ¿Otra vez con eso?
- Tenés razón, perdón amor.
- Bueno, si querés usalo, no hay nada importante ahí.
- ¿Y dónde esta?
- ¿Dónde está qué cosa?
- Lo importante que no está ahí.
- ¿Me estás cargando?
- Perdón, perdón, tenés razón. Andá tranquilo.
(Ya casi atraviesa la puerta)
- Esperá.
- ¿Y ahora?
- No quiero más el helado.
- Bueno, yo tampoco voy a salir.
- ¿Te vas a quedar conmigo?
- No, me cansaste, me voy a dormir.
- ¿Estás nervioso?
- Si.
- ¿Por qué no te vas a dar una vuelta así te despejás?
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