Una vez más ella rompe el esquema, camina tan bonita y mueve su belleza.
Recuerdos lejanos.
Cosa rara la memoria humana. No sé si será la de todos, pero eso de acordarme cada olor, cada mirada, cada gesto, cada punzada, cada ‘piel de gallina’, cada vacío, cada falta de oxigeno, cada palabra dicha y hasta cada silencio incómodo, me juega muy malas pasadas. Cierro los ojos y vuelvo a sentir, a revivir tal y como ocurrió en dicho momento (no miento si juro que cada vez que ese recuerdo vuelve a mi, siento el frío que sentía, la confusión que me desbordaba, la música que me encapsulaba, la oscuridad de ‘la noche más oscura en la historia de mi vida’ y el nudo en la garganta que no se deshacía ni con alcohol ni con aquellos besos de ocasión). Juegan a ‘las mareaditas’ con mis sentimientos y patean penales de esos que mi mente no es capaz de atajar. Terminan gritando gol, habiendo dejado a mi felicidad con fractura expuesta. Supuestamente había ‘reglas de juego’, pero parece que cada vez que se presentan de visitante  o de local mi fuerza de convicción para olvidarlos (si es que existe) los deja apoderarse de todo, y hasta tienen su propia hinchada; porque parece que perder frente a ellos me da un cierto placer inentendible. En mi, el partido siempre es yo contra yo misma, anulando -aunque se crea imposible- la probabilidad de que gane yo.

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