Una vez más ella rompe el esquema, camina tan bonita y mueve su belleza.
Felices primeros seis meses de nuestra primer vida juntos...
Siempre me pasa esto a la hora de escribir(te). No tengo palabras o me faltan argumentos. Hace un año volví a morir y hace medio que me reviviste. Es mas literal de los que muchos piensan. Solo vos entendés que lloro por tristeza, por alegría y otras tantas solo porque sí. Solo vos sabés cuando rio y por qué lo hago. Solo vos descubris un universo al verme. Solo vos me hacés sentir amar como jamás creí hacerlo. Sos la excepción. Solo vos aguantas lo inaguantable y le das tranquilidad a mi inestabilidad. Solo vos apostas día a día a nuestra relación. En realidad vos solo no. Vos y yo. Yo y vos. Nosotros. Los dos. Hoy, como hace seis meses atrás, como cada día desde hace medio año en adelante, para siempre...
Sentido común, el menos común de todos los sentidos. Siento oler, siento gustar, siento mirar, siento escuchar y definitivamente siento tocar. Pero no siento común. Siento diferente, siento particular. Siento individual, siento anormal. Siento raro, siento a mi modo. Siento mis formas, siento mis acciones. Siento mis dichos y siento mis hechos. Siento con mis colores, con mis olores, con mis caricias, mis sonidos, y mis gustos. Siento así, no común.
Si para recobrar lo recobrado,
debí perder primero lo perdido;
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado;
si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido...
Tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido,
vive de lo que tiene sepultado.
Hay ciertas cosas que no 
son extrañas para mi. No me sorprendo si una persona me afirma que se levanta a las seis de la mañana y desayuna un plato de sopa. Me resulta indiferente si me dice que le viene bien acurrucarse y no ir a boliches. Los ‘ah!’ se ausentan cuando afirman que les da placer saber de todo un poco y que quieren hacer de sus vidas lo que cualquier otro jamás haría. Si odian Showmatch y todo lo que viene a colación, no me extraña. Si comen a las veinte en punto en lugar de a las veintidós, no es nada raro. Entiendo si prefieren un libro a una fiesta. Y definitivamente los ojos no se me abren como platos si deciden tener su dinero donde es visible, en su ropa y zapatos. Y todo esto es así porque de estas particularidades, yo formé hábitos…
De directora de cine y televisión a Ingeniera química.
De ingeniera química a periodista.
De periodista a comunicadora social.
De comunicadora social a licenciada en letras.
De licenciada en letras nuevamente comunicadora social Y periodista.
De comunicadora social Y periodista a nutricionista.
De nutricionista a decisión final, a inscripción y cursillos.
Bien, trato de recordar qué tal fue un día como hoy pero del año pisado. Hago fuerzas, cierro los ojos y hasta me pongo roja intentando que me venga a la mente aunque sea una imagen aislada, pero no logro nada. Una especie de amnesia selectiva. En fin, deduzco que llegaba acá con miles de bolsos para desarmar y una congoja que me asfixiaba constantemente, que se respiraba todo mi oxígeno sin dejar que llegue a mis pulmones. Hace un año era un estropajo lejos de mis amigas que estaba atravesando el torcido paso de la ciudad al campo. Es una cosa así como imaginar a Carrie Bradshaw viviendo en las afueras.
Bien, debo aceptar que no soy ella. En fin, la idea está. Y a esta Carrie mas bajita, sin fama ni doscientos pares de Manolo’s le faltaban sus amigas. Estaba atravesando por lo peor de su vida y sola. Colegio nuevo. ¿Colegio?  Le molestaban las moscas, la tierra, la falta de baños limpios y profesoras a las que les importaba su vida personal. Quería smog y pavimento, edificios y McDonald’s. Lo superó. No solo se alejaba de todo, sino que además debía aprender a estar sin él. Sin él me refiero a sin amigo ni novio ni nada de todos esos roles que él se había ocupado de llenar o como bien lo definió luego, ‘parche’. Tuvo que cambiar la almohada porque se había humedecido de tanto llanto. Pero déjenme decir que soy testigo de que a eso también lo superó.
Dejando a Carrie de lado, yo, estaba en lugar nuevo, con gente nueva, colegio nuevo y yo nueva. Yo distinta, yo bien, yo alejada de lo que me hacía mal. (Y de lo que mejor me venía)
Pero ese olor a veranito me embriagó de lleno y me puso linda, me saco kilos de tristeza y puso mi corazón a expensas del viento.
Si, todo eso me lo acuerdo bien, con momentos exactos y vivencias puntuales. Pero del seis de septiembre del año pisado no tengo ni rastros…
Quizá algunas mujeres no están hechas para ser domesticadas. Quizá solo necesitan correr libres hasta que encuentren alguien igual de salvaje que corra con ellas.                                       
FELIZ AÑO PISADO PARA MI.
Pienso que todo lo que escribí no tiene importancia y ya tampoco me detengo en saber si a alguien le interesa leerlo. Pero en fin lo escribo, acción terapéutica diría Ana, mi psicóloga. No me importa si lo leen pero se que de todas formas lo hacen, todos siguen hablando, siguen llegando los rumores que viajan por ruta seis o toman autopista, siguen camino a Villa del Dique y se depositan en mis tímpanos. En realidad es mentira. Viajan por mensaje de texto y jamás llegan a mis oídos, llegan a mis ojos mientras los leo y pienso cuanta gente sin vida propia hay dando vueltas por allí.
Si supieras todo lo que un abrazo podría hacer por mí en este momento...
Hoy me levanté con ganas de no ir al colegio, de todas formas fui porque me amenaza la idea de quedar libre. Pero hubiese deseado quedarme en casa, durmiendo hasta perderme el desayuno en el almuerzo, estar en pijamas todo el día y usar pantuflas en lugar de zapatillas. Me hubiese gustado comer delante del monitor algo así como sandwiches de queso cheddar con mucha mayonesa. No peinarme ni interesarme en lo más mínimo por mi aspecto. Cruzar frente al espejo e ignorarlo. No pensar en calorías ingeridas y atracarme con torta mientras leo ese libro que me mira hace un mes desde la biblioteca, esperando que le dedique una tarde.
Ultimamente estoy hablando mucho de Rosario y Córdoba, de facultades y carreras, títulos universitarios y planes de estudio, departamentos y zonas convenientes. De vida familiar y de vida independiente.
A veces explico tanto que termino sin entenderme.
Están esos muchos yo, esos que conviven dentro mio y no sacan turno para salir, solo salen en el momento en que lo desean.
Está esa Antonella estudiosa: autoexigente por demás, la que se ocupa de recordar fechas, presentar trabajos, estudiar para las prubas y cumplir con lo requerido.
Está esa Antonella no estudiosa: la que mira de reojo al profesor para comprobar si es un buen momento para sacar el machete.
Está Antonella hija: la que intenta ser lo que sus padres siempre soñaron, seguir siendo un lucero en las tinieblas.
Está esa Antonella clásica: la que prefiere los libros.
Está esa Antonella moderna: la que respira crédito en lugar de oxígeno, sigue las últimas colecciones y mira ftv tanto como puede.
Está Antonella amiga: la que a las tres de la mañana y pariendo sostendría el teléfono para escuchar el problema (seguramente amoroso) de su mejor amiga.
Está Antonella fiestera: apresada desde hace seis meses en una jaula imaginaria, caminando por las paredes, agazapada esperando salir.
Está esa Antonella independiente: la que está pensando seriamente la opción de tomar su propio rumbo, sola.
Está esa Antonella dependiente: la que piensa que la vida no sigue sin mamá.
Está Antonella defensora: la que lucha por sus ideales (y por la gente que quiere)
Está Antonella novia: apasionada, dulce, tierna y rebuscada.
Está esa Antonella impulsiva: la que hace (y muchas veces se equivoca)
Está Antonella pensante: la que no hace, por pensar tanto y no decidirse nunca.
Está Antonella deportiva: internada en terapia intensiva.
Están esas Antonellas y tantas otras que apenas llego a conocer.